Reuniones por la tarde e improvisadas, jornadas que nunca se acaban, pausas de dos horas para el almuerzo… Son prácticas que nos hacen más improductivos y, al mismo tiempo, más infelices. En el libro “Dejemos de perder el tiempo”, los beneficios de optimizar los horarios, Ignacio Buqueras y Jorge Cagigas ofrecen soluciones prácticas para que las empresas racionalicen la jornada laboral y todos salgamos ganando.

¿A qué hora te levantas? ¿Hasta qué hora estuviste viendo tu programa favorito de televisión? De todo el tiempo que has estado en el trabajo, ¿cuántas horas han sido empleadas en tareas productivas? Cada uno tiene una respuesta para esas preguntas. Pero a nivel económico estas cuestiones se pagan.

Buqueras es un evangelista de la racionalización de los horarios. ¿Qué propone? Un cóctel de recetas que cada empresas debe adaptar a sus circunstancias y que es aconsejable que aborden con asesoramiento externo: jornadas reducidas, bolsas de horas, menos pausas para comidas, más horizontalidad y más luz natural, entre otras.

En esta entrevista con Ignacio Busqueras, nos adelanta las claves del libro “Dejemos de perder el tiempo“, que ha sido respaldado por la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE).

 

Las 12 medidas para racionalizar los horarios en las empresas

El debate sobre la racionalización de horarios se va tomando cada vez más en serio entre la población. Eso es bueno para los intereses que defiende. ¿Creen que es ahora o nunca?

Creo que hemos logrado que este tema esté entre las prioridades políticas. En los 150 puntos que firmaron el Partido Socialista y Ciudadanos estaba fijado este tema. Entre los 100 puntos que firmaron el Partido Popular y Ciudadanos posteriormente también estaba este tema.

Hace pocas fechas, felicité a la presidenta del Congreso de los Diputados, Ana Pastor, porque los plenos siempre empezaban a las 16:00 y ahora se han adelantado a las 15:00. No es mucho, pero su voluntad es adelantarlos a las 14:00. O sea, que hay voluntad creciente. Es lenta, sin lugar a dudas, porque es luchar con hábitos, rutinas y personas que piensan que estos horarios son los más convenientes.

Yo digo que si España es líder europeo en baja natalidad, separaciones matrimoniales y en fracaso escolar, tiene mucho que ver con nuestros horarios.

¿Por qué si tuviésemos el huso horario que nos toca por nuestra situación en el planeta, los horarios serían más racionales?

Serían más racionales, pero no sería lo único.

Nosotros, desde hace diez años pedimos volver al meridiano que tenía España en 1940, que es el que nos corresponde, el de Greenwich. En cambio, desde entonces, estamos en el meridiano de Berlín. En aquellos momentos era razonable haberlo hecho porque estábamos en la Segunda Guerra Mundial. Inglaterra, Portugal o Francia hicieron lo mismo para evitar equívocos en bombardeos, etcétera. Pero todos ellos, al terminar la guerra, volvieron a su horario. España fue el único país que se quedó con el meridiano de Berlín.

Dejemos de perder el tiempo

Ya en el ámbito de la empresa, ¿cómo terminar con lo que se ha calificado como uno de los grandes males: el presentismo?

Políticos y máximos ejecutivos deben dar ejemplo. Hace unos meses se comentó la posibilidad de ir a un horario que terminase a las seis de la tarde. Lo que hay que hacer es cumplirlo. En muchos ministerios, cuando sale el ministro o el secretario de Estado salen los demás. Esto es tercermundista.

Los primeros que tienen que dar ejemplo son los líderes, sean políticos, empresariales o sindicales. En el resto de Europa, cuando he estado presentando propuestas, por ejemplo en Bruselas, me han dicho a las 17:00 de la tarde que si quedan cosas pendientes ya quedamos al día siguiente a las 08:00 de la mañana.

En estos momentos se han dado pasos importantes. La primera que dio el paso importante, de las grandes, fue Iberdrola en el 2007. Han pasado ya años. Cada vez hay más empresas que dan el paso.

Hay que partir de la base de que nosotros nunca hemos defendido lo de las 18:00. Alguna empresa, sobre todo si es una multinacional, que tiene clientes en otros husos horarios, debe tener turnos; un hospital tiene que estar funcionando 24 horas, eso sí, con turnos correspondientes.

¿Notan que en el mundo empresarial esa concepción está comenzando a cambiar?

Estamos viendo que, poco a poco, está cambiando. Pero en este aspecto ha ido mal la crisis. Antes de la crisis había muchas personas jóvenes que, cuando buscaban un trabajo, preguntaban no solo por el sueldo sino por el horario.

Cuando ha llegado la crisis se ha visto que lo prioritario es el trabajo. Es de sentido común. Por tanto, han cambiado las prioridades. Pero ahora que salimos de la crisis es importante que sigamos con esta batalla para conseguir horarios que nos permitan la conciliación de la vida personal, familiar y laboral.


En este libro, más que teoría, lo que tenemos son propuestas dirigidas a directivos empresariales, políticos, trabajadores… Hablamos del gran problema de este país: la “reunionitis”. Es el país europeo en el que más reuniones se celebran y más tiempo se pierde en ellas.


Lo que aconsejamos es que no se convoque ninguna reunión sin fijar hora de finalización y, si es posible, poner el minutado de cada uno de los puntos del orden del día para que la gente sepa que, por ejemplo, el punto cuarto tiene más importancia que el tres, por eso se destina más tiempo. También hay que pedir puntualidad. Nadie tiene que hacer esperar a nadie.

Además hay que tener en cuenta que las nuevas tecnologías tienen que estar a nuestro servicio. Nosotros no tenemos que ser esclavos de estas.

En este sentido, ¿qué le parece que Francia haya prohibido emails y llamadas fuera de horario de trabajo?

Me parece adecuado. Cada cosa tiene que tener su tiempo y su lugar. De la misma manera que nosotros, con esos almuerzos kilométricos de postre, café, copa y puro, pueden ser adecuados para un fin de semana; pero no de forma diaria.

Muchos directivos tienen a su equipo infrautilizado dos o tres horas y cuando llegan a las cinco y media de la tarde, pues es como si empezaran al jornada de nuevo. Esto en el siglo XXI y en un país como España, que inicia un crecimiento económico, no es admisible.

Nosotros aconsejamos un almuerzo de 30 a 45 minutos. Es tiempo suficiente. Debe haber horario flexible de entrada y salida.

Cuando presenté el libro en la sede de COPYME Aragón, su presidente me comentó el horario que hacían y me pareció perfecto. Un horario que finaliza a la una y media que se completan con tres horas flexibles por la tarde y, para almorzar, treinta minutos.

De los puntos que incluyen en el decálogo del libro, ¿cuáles serían a su juicio los más urgentes?

El análisis que tiene que hacer cada persona es urgente. Aquí decimos mucho que el culpable es el Gobierno, o nuestro jefe. Primero tenemos que empezar por nosotros mismos. Desde que nos levantamos por la mañana hasta por la noche somos un poco dueños de nuestros tiempos.


El prime time de las televisiones también hay que abordarlo. No hay ningún país europeo en el que finalice pasadas las 12 de la noche. El español medio es el que menos duerme de Europa. Esto afecta a la salud, la productividad y muchas otras cosas.


En “Dejemos de perder el tiempo” hablan de que con horarios racionales se obtiene mayor productividad, se reducen gastos e incluso se consigue mayor satisfacción de los trabajadores. ¿Es para tanto?

Es indudable que sí. Que una persona esté satisfecha en su trabajo es más productivo. Está demostrado que, con horarios racionales, la productividad mejora. La gente está para lo que tiene que estar. No se va los lunes a la empresa para comentar el partido del domingo y el jueves o el viernes para comentar lo que haré el fin de semana.

También se reducen los gastos. Pensemos en las empresas que hacen una política de luces apagadas a las seis de la tarde: indudablemente hay menos gasto en electricidad.

¿Cómo nos ve dentro de unos años? ¿Las demandas son factibles?

Sí. Estamos en un momento propicio, con la sociedad dispuesta. Nosotros creemos que en estos momentos hay herramientas para ello. Que la primera presentación del libro se hiciera en la CEOE, que estuviera el presidente, que se hayan hecho presentaciones en foros del mundo empresarial y sindical, quiere decir que este sector que era reacio a este tema se está mojando.

¿A qué hora hacen sus presentaciones públicas?, ¿predican con el ejemplo?

La presentación que acabamos de hacer del libro en Zaragoza ha sido a las 11.30 para los periodistas y a las 12.30 para el público en general. Aunque lo normal es que te recomienden que lo hagas por la tarde, para asegurarte que haya público.


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